En el plano organizativo, la revolución tecnológica está provocando cambios importantes en las estructuras de gestión y producción de las empresas. Estos cambios implican el abandono aunque normalmente no de forma radical) de modelos tradicionales, dando lugar a la aparición de nuevos patrones, en algunos casos de una manera contundente y en otros -la mayoría de las veces- de forma gradual.
Herramientas más complejas exigen más formación
Antes sólo unos pocos tenían que utilizar herramientas
complejas en su trabajo: a la mayoría le bastaba un pico, una llave inglesa,
una máquina de escribir (y en este caso la calificación de herramienta simple
es relativa y quizás sólo válida hasta cuando empieza a generalizarse la
electrónica).
Ahora no es así: la gran mayoría de las personas
involucradas en un proceso productivo tienen que controlar una parte del mismo
mediante una herramienta mínimamente compleja, lo cual significa que tienen que
tener un nivel de conocimiento y habilidades más elevado. Y no sólo eso: deben
tener elementos complementarios de profesionalidad que les comprometan en
los demás procesos y en la finalidad de la empresa o corporación.
Cambios en el contenido y en la organización del trabajo para
entender el alcance de la adaptación de los recursos humanos a este nuevo marco
de referencia, baste enumerar algunos de los cambios ocupacionales que se están
observando, que afectan de lleno al contenido y a la organización del trabajo.
Esto está produciendo una serie de cambios a los que hay que
adaptarse:
Cualquier trabajador habrá de actuar con un mayor grado de autonomía, lo cual significa un nivel profesional más completo.
La dinámica del cambio tecnológico implica empleo flexible, es decir, mayor movilidad funcional, lo cual equivale a disponer de una mente
más abierta frente al aprendizaje.
Tienden a perder importancia los controles finales en favor del autocontrol continuo, lo que significa mayor compromiso con la calidad.
Una gran parte del trabajo se va a desarrollar en pequeños equipos multidisciplinarios, en donde quedarán diluidas las
diferencias entre titulaciones académicas e incluso las de "status" profesional y laboral.

